Los indicadores de Bullying tienen en cuenta varios aspectos que determinan el acoso escolar o intimidacion por parte de una o varias personas hacia otra.
¿Qué es el Bullying?

El bullying o acoso escolar es la intimidación o el acoso entre escolares de forma repetitiva y sostenida en el tiempo. Casi siempre tiene lejos el lugar de la presencia de adultos, profesores o padres, y su intención es humillar y abusar de un escolar indefenso por parte de un acosador y, más frecuentemente, de un grupo.
Perfil del Acosado y el acosador
Acosado

Todos los alumnos, a medida que avanzan en la escuela, tienen algún que otro problema de acoso o burla. A menudo, esto recae en un alumno inteligente, muy responsable, pero exigente consigo mismo, con baja autoestima y cierta dificultad en las relaciones sociales. Los acosadores se dirigen a estos alumnos porque los consideran diferentes a ellos, carecen de habilidades para manejar a sus compañeros y pueden querer manejar sus aulas para que el profesor no evalúe su trabajo.
Acosador

El matón es un niño o adolescente que habitualmente intimida y abusa de otros niños, infundiéndoles miedo y sufrimiento. Busca el poder porque carece de seguridad y autoestima. El matón no es el «malo» de la clase o el que saca peores notas. A veces es un líder que, en lugar de guiar a sus compañeros, los guía hacia la crueldad.
Los acosadores (de 12 a 18 años) rara vez actúan solos. Suelen formar grupos y tienen un líder, el cabecilla, que suele ser el más agresivo. Los acosadores son impulsivos y se enfadan con facilidad. Les gusta llamar la atención, pero no suelen tener habilidades o cualidades especiales que justifiquen esa atención. Por ello, suelen recurrir a la intimidación para conseguir la atención que ansían.
Principales Indicadores

El acoso entre niños y jóvenes en edad escolar es un problema importante que puede provocar problemas físicos y psicológicos a largo plazo, además de afectar al rendimiento académico del alumno.
Ni el alumno acosado ni el resto de la clase (los observados) suelen contar lo que ocurre. El fuerte miedo psicológico a lo que les pueda pasar ya ser rechazados por el resto del grupo, hace que el silencio sea la norma en estas situaciones.
Las víctimas de acoso escolar comparten el mismo lenguaje, que si se interpreta puede ayudar a los padres, profesores, consejeros, pediatras y psiquiatras a identificar la situación de acoso y los daños en forma de ansiedad, estrés postraumático e ideación autolítica.
Pero esto no significa que no se puedan detectar los casos de acoso escolar, hay una serie de indicadores que puede avisar lo que está ocurriendo.
Si un niño es objeto de múltiples abusos, corre el riesgo de sufrir daños tras un traslado de escuela. La resiliencia se ve mermada y los posteriores malos tratos pueden pasar desapercibidos, ya que los maltratadores se dan cuenta rápidamente de esta vulnerabilidad.
Aumento de absentismo escolar
El alumno empieza a faltar al colegio o dice con frecuencia que no quiere ir a clase. En muchos casos, los padres informan de que no saben cuál es la causa del comportamiento. También es frecuente que las ausencias se deban a molestias somáticas como dolores de cabeza, síntomas gastrointestinales y mareos.
Descenso del rendimiento escolar
El niño puede estar retraído y apático. Esta apatía puede llevarle a no hacer los deberes, llegar tarde, faltar a clase, etc. Aunque estos síntomas no son específicos de la depresión, pueden indicar un trastorno del estado de ánimo no diagnosticado en el niño. Cambios en el comportamiento.
Aislamiento en relación a sus compañeros.
Los niños que no suelen estar integrados en el grupo de clase, se les suele ver solos gran parte del tiempo, o interactuando con alumnos más pequeños. Es fundamental observar la relación con el resto de sus compañeros en los pasillos, el recreo, el comedor y otras situaciones en las que no suelen haber profesores.
Déficit de habilidades sociales
El déficit de habilidades sociales repercute negativamente en la autoestima del alumno y, a su vez, en su rendimiento académico. Además, cada vez les resulta más difícil entablar relaciones sociales, ya que observan que no son comprendidos por sus compañeros, lo que aumenta aún más la falta de confianza y la baja suficiencia.
Respuestas agresivas o de pérdida de control.
Estos alumnos son la principal preocupación de los profesores, sobre todo porque no siempre se entiende su comportamiento. Son alumnos que se encuentran en una situación de hiperalerta, por lo que es habitual que haya momentos puntuales en los que en una situación «tranquila», como es preguntarles algo, reaccionaren de forma exagerada, gritando, insultando o incluso con una reacción física.
Labilidad emocional
Se ha observado una asociación con la labilidad emocional. Pueden producirse cambios emocionales bruscos, que van desde el llanto incontrolado hasta respuestas emocionales extremas.
Pérdida de objetos
Ya sean trabajos escolares, tareas u objetos personales que se pierden, a menudo sin que el niño lo sepa o se dé cuenta. Esto puede acarrear consecuencias negativas, como la pérdida de datos o de seguridad laboral
Evidencias físicas de violencia
El maltrato físico se presenta de muchas formas diferentes: los maltratadores pueden agarrar y sujetar a un alumno o tirarlo al suelo, o darle puñetazos y patadas. Los estudiantes pueden tener moretones inexplicables, aparecer, ropa rasgada u otras lesiones que no pueden explicar. Los signos de maltrato físico pueden ser muy visibles o no serlo inmediatamente.
Desvinculación de actividades de ocio
Uno de los primeros y más evidentes signos de un niño con rechazo escolar es que deja de querer ir al colegio. Empieza a desentenderse de las actividades de ocio con sus compañeros: excursiones, viajes, Granja-Escuela, etc., poniendo siempre excusas: no quieren dormir fuera de casa, no tienen ganas, se aburren, etc. Asimismo, puede comenzar el retraimiento social con otros compañeros ajenos a la escuela.
Somatizaciones
Pueden presentar infinidad de somatizaciones: náuseas, vómitos, mareos, jaquecas, orejas, estómago, piernas, a veces les llena la boca de úlceras, otros dicen que no pueden tragar el alimento, tienen muchas afonías o muy prolongadas en el tiempo, erupciones cutáneas palpitaciones, dolores torácicos, tics nerviosos nocturnos.
Cambios bruscos de peso
Puede haber cambios bruscos de peso, normalmente una pérdida de peso, aunque a veces engordan. El apetito cambia: no tienen hambre o comen en exceso. A veces provocan vómitos deliberados después de comer.
Alteraciones En El Sueño
El niño tiene miedo, le cuesta dormirse y puede despertarse en mitad de la noche. Pueden tener pesadillas, así como episodios de sonambulismo, durante los cuales hablan con la televisión como si fuera el guardián, o buscan ayuda mientras deambulan por la casa.
Autolesión
Es posible que la persona que se autolesiona tenga problemas para comunicar lo que necesita o siente, por lo que hablar con un psiquiatra o terapeuta puede ayudar a este individuo a aprender a comunicarse mejor.

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